| La esterilización felina,
tanto en machos como en hembras, es una intervención quirúrgica que se realiza de forma
rutinaria en las clínicas veterinarias. Su principal objetivo es el control de la
natalidad, pero tiene también otras ventajas, como evitar la posibilidad de contraer
enfermedades infecciosas que se transmiten por contacto (FeLV, FiV, Coriza, PIF, ...), la
aparición de comportamientos difíciles de controlar (intentos de huida, maullidos,
peleas, agresividad, ...), determinadas patologías (metritis, quistes ováricos, tumores
mamarios, tumores ováricos, uterinos y vaginales, tumores testiculares, problemas
prostáticos), alargamiento del tiempo de vida del animal, mejor socialización, ... Existen otros procedimientos, como la ligadura de
trompas y la vasectomía, que si bien sirven para controlar la fertilidad, no evitan ni
sirven para controlar ninguna de las situaciones citadas anteriormente. La edad óptima de
esterilización no está determinada, pero se situaría entre los siete y los doce meses
de edad.
La técnica quirúrgica varía según se
trate de un macho o de una hembra. En el macho los testículos están situados debajo de
la piel, siendo fácilmente accesibles, por lo que el tiempo de cirugía es más corto y
la recuperación postquirúrgica más rápida (de tres a cinco días). En las hembras los
ovarios están situados dentro del abdomen, por lo que se precisa realizar una
laparatomía. Esto implica un tiempo de cirugía más largo y una recuperación
postquirúrgica mayor que en los machos (entre ocho y diez días).
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