
| "Perros, 1; niños,
0" |
| La Vanguardia/12.09.2000/Opinión/Sergio
Vila-Sanjuán |
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Algunos sectores de la ciudadanía están discutiendo últimamente por el futuro del
Turó Park: que si mantener o no su carácter romántico, que si demoler el magullado
teatrillo, que si verja o acceso abierto... Sigo la polémica con británica indiferencia,
porque hace tiempo que dejé de frecuentarlo. Y eso sucedió el día en que me di cuenta
de que en ese parque, como en el resto de Barcelona, los perros le habían ganado
definitivamente la batalla a los niños.
La primera señal es, obviamente, la caca: cuando tus vástagos la encuentran en la
arena, entre las hierbas, por debajo de los bancos y hasta en las zonas de juego más
señalizadas, la lucha está perdida. No hace falta esperar a que las criaturas sean
asustadas o directamente arrolladas por los canes al trote ante la pachorra -cuando no la
chulería- de sus propietarios; eso viene después, como la inevitable desertización de
los céspedes y el más raro pero no imposible mordisco.
Hay que irse, pero ¿dónde? El dominio del chucho sobre el niño -y el adulto- es hoy
un hecho en las contadas zonas verdes de la ciudad. Lo he comprobado en el parque Turó y
el de la España Industrial, en los jardines de la Industria y del doctor Roig i
Raventós; en las plazas ajardinadas -hoy enclaves polvorientos- como las de Gala
Placidia, Rosa Sabater o Ferran Casablancas... Hay que irse, pero ¿dónde?.
Desde hace meses, tras ardua búsqueda, acudo con mi mujer y mis hijos a un espacio
público idílico, arbolado y ajardinado, donde los canes están felizmente prohibidos, y
la prohibición se cumple. Así pueden disfrutarlo sin cacas ni sustos los niños, sus
padres, los ancianos y otros usuarios humanos. Llevamos nuestro descubrimiento en el
máximo secreto y me perdonarán que no escriba su nombre: sobre todos, no hay que dar
ideas al enemigo.

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